jueves, 25 de marzo de 2010

Apología de la paradoja





Apología de la paradoja





«es hielo abrasador, es fuego helado,

es herida que duele y no se siente...»

Francisco de Quevedo




Me gustan las paradojas, su particular turbidez…
Me gusta que ellas puedan vivir por fuera de los axiomas, caer en feliz picada y sin miedo alguno desde las torretas construidas por los dogmas, salirse por la ventana de las veneradas encerronas en que a todos nos ubican casi automáticamente los pre-juicios moralizantes.
A veces sentirse vivo implica, en alguna medida, saber-poder nadar en las aguas de lo paradojal.


Si el antiguo filósofo Porfirio -con su postrero éxito medieval- logró presentar la posibilidad de sistematizar y clasificar la totalidad de lo habiente dentro de los casilleros de su Arbor porphyriana (para gusto y dicha de los aristotelistas de todos los tiempos…) fue porque el este famoso discípulo de Plotino confiaba sin titubeos en la existencia de algo llamado “sustancia” y en la necesidad organizativo-lógica de atribuir a cada cosa su correcto lugar taxonómico bajo el imperio lumínico del orden racional. Claro está, faltaban siglos para que Freud advirtiera acerca del elemento irracional que cimienta nuestro psiquismo; y un poco más aún para llegar la Teoría del Caos; o para que la física cuántica nos describa la materia(compuestas por)átomos(compuestos por)partículas, y nos diga que alguna de estas últimas son borrosas, inestables y carentes de una posición bien definida en un espacio-tiempo fijos; o bien, para que la filosofía misma implosionara sus categorías fundantes de “esencia”, “unidad”, “Dios” y “sustancia” desembocando en un radical pensar postmetafísico, aún inacabado por cierto. Porfirio no tenía idea de esta ola tsunámica que vendría a atentar contra la prolijidad de su bienintencionado arbolito muchos siglos después…


La paradoja es como como el polvillo molesto que debe ocultarse en los limpios corredores de la Razón (madre que, si bien no reniega de su hija menos razonable y más absurda -pues la paradoja sigue siendo asunto de esa "novela familiar" cuyos miembros constituyen la Lógica Formal- ha desarrollado una fuerte alergia hacia todo lo que de esta díscola descendiente emana). Las conclusiones contradictorias no son justamente el “tipo” de cierre lógico a que gusta arribar al “razonable razonamiento”. De hecho, no somos entrenados ni pedagógicamente formados para comprender oy pensar paradojalmente sino para hacerlo "en línea recta" y cartesiana, aunque la vida y sus asuntos no se suelan presentar ni en recta línea ni cartesianamente.


Se define a la paradoja una proposición o enunciado que tiene apariencia verdadera, pero que conlleva a una contradicción lógica (o más interesante aún) nos empuja a una situación que rompe con el sentido común.

Veamos un típico ejemplo (adaptación del que propuso Epiménides el Cretense, quien afirmaba que “todos los cretenses son embusteros”): digamos que sería una paradoja enunciar que “Todos mentimos”. Aquí puede afirmarse, sin temor a equivocarnos, que tal enunciado es tan verdadero como falso (pues si todos mentimos también estaría mintiendo al decirlo).


La paradoja incomoda. Molesta. Un piedrita pequeña e incisiva en la bota de la razonabilidad.
Parte de esa “sensación de incomodidad” radica en que se halla casi en un no-lugar, esto, si tomamos como “lugares” los respetuosos pasillos de conclusiones no-contradictorias que selectivamente soporta la pulcritud lógica cuando se trata de procesos enunciativos ejemplares. Otra parte posiblemente responsable de esa tal incomodidad en que nos sume la paradoja, puede que provenga de que también las paradojas suelen ser contrarias a las opiniones comúnmente sostenidas. Pongamos por ejemplo, un enunciado que diga: “el matrimonio de dos es siempre inmoral”. Qué sacrilège!!! Acaso existen matrimonios que no sean de dos??? Acaso es pensable la denostable palabra "inmoral" junto al sacro sustantivo "matrimonio"??? Insostenible!!! Estamos ante un oxímoron del discurso moral. Absurdo!!!!

Evidentemente la paradoja desordena y con su carcajada silenciosamente burlona nos manda de una patada en el trasero a balbucear al umbral de la irracionalidad (pórtico en el cual la mayoría no gusta permanecer por mucho rato).

La paradoja es cruel: asesina los lugares preasignados para cada cosa, cada quien, cada acto, cada idea. Piromaníaca de cualquier intento porfiriano, arrasa con su fuego despeinado los castillos de naipes que dan soporte al idealismo lógico.

La paradoja nos deja un rato en el aire, sin piso, con poco a lo que asirnos. Fuerza a nuestras representaciones –casi siempre alimentadas por esa tendencia inercial al fijismo de sentidos y significados- a moverse en alguna otra dirección o en varias y simultáneas direcciones. Si hay paradoja hay necesidad de entrar en un juego de magnitudes inversamente proporcionales: a menor solidez, mayor flujicidad.

En la paradoja pueden habitar los planteos más umbríos, los asuntos menos claros, las confusiones más sentidas, los tormentos peor llevados por la existencia. Si alguna metáfora de los sentidos pudiera caberle a lo paradojal, esta sería el “murmullo”, el malicioso y conflictivo murmullo que atenta con su conspiración irresponsable a destituir el mandato de altoparlante desde el que se hacen oír las Verdades Absolutas. La paradoja es asunto propio de los contrapoderes.

Se nos cría y moldea para abrazar las conclusiones más diáfanas, ergo, para rechazar lo inconcluso y sus peligrosas borrosidades. Aprendemos desde la infancia que “la solución correcta” de algo debe coincidir con el juicio más lógico y razonable. Tarde (o nunca) tal vez lleguemos a advertir que en el vientre simbólico mismo de tal solucióncorrectajuiciosamenterazonable se incuba casi siempre el parásito de la moral.

Debemos” resolver los problemas.
Debemos” solucionar nuestra vida y sus contingencias de modo lógico y racional.
Debemos” llegar a conclusiones, desenlaces, finales llevados siempre de la firme mano de la lógica no-contradictoria.
El camello no cesa de cargar con las mil caras que asume el "Deber de resolver". E incluso, se nos impone una "velocidad" adecuada para hallar las supuestas soluciones a nuestros problemas. Velocidades que van del infantil "Ya" al despótico "Cuanto antes". Cultura de la rapidez irreflexiva en la que curiosamente debe enmarcarse nuestra supuesta reflexividad. Mundo que vive dando la espalda a la belleza meditativa y certera de la demora...

Y esto, en todos los campos de la vida. Habitamos un totalitarismo de la no-contradicción.
Las cosas no pueden “ser y no-ser al mismo tiempo”. No existe espacio en la tolerancia de las opiniones sobre la pareja, por volver al ejemplo antemencionado, para “amar a un ser y amar a otro ser simultáneamente”. El amor ha de ser -lógicamente?- exclusivo y excluyente. De idéntica forma no puede concebirse la idea de que la ética y la mentira coexistan en el plano del discurso de un sujeto, igual que no puede asociarse el egoísmo a la virtud. Una buena frase bastante conocida y ejemplificadora de lo paradojal proviene de Bertold Brecht y dice: “Un hombre debe tener por lo menos dos vicios, uno solo es demasiado” pudiéndose advertir en la misma la presencia de enunciados aparentemente verdaderos conjugados con un sentido que va a contramano de los aceptado como “correcto sentido común” (amén de incomodar con eso que todos tienen -los vicios- y de lo cual a nadie le resulta grato hablar).

Por qué se trata de desorden moral cuando pensamos en paradojas, y no sucede lo mismo cuando pensamos en contradicciones? La contradicción posee una violencia disociativa en la que la afirmación y negación se oponen agresivamente una a la otra y recíprocamente tienden a destruirse entre sí. Hegel, tratando de ir un poco más allá de la lógica formal, se encargó desde su dialéctica de poner la mirada en la “relación” que se establece entre los contrarios. Propone una tríada dialéctica (afirmación-negación-negación de la negación) llegando al concepto de “unidad de los contrarios”. Siguiendo a Hegel podemos decir que allí donde la contradicción posee una solución, la paradoja nos deja en ascuas.

En lo paradojal cualquier voluntad de cierre es vana.
Pura apertura.
La paradoja, agujero cuyo vacío de sentido (recordemos que también eso que llamamos “sentido” no deja de ser un cierre, una clôture, un procedimiento que por más multiplicante que sea luego, es en cada acto de afirmación de sentido en donde se revela justamente “un” sentido, “ese sentido” que se cierra sobre sí mismo como una fugaz o permanente conclusión interpretativa) nos recuerda cuanto de horror vacui tenemos aún vigente en nuestras cabezas.

La paradoja “canta” en tono burlón, los errores de la razón, la mentira que habita en nuestras más caras verdades y/o la verdad que acecha en lo que jamás consideraríamos como algo cierto y aceptable.
Y por eso es que todo lo que provenga de lo paradojal nos inquieta severamente. Su conexión con lo absurdo (con el angustiante sin sentido y a-telos de la vida) tiende a intraquilizarnos, a recordarnos que el único sentido que podemos darle a nuestro existir es “volublemente firme” (sí, también el oxymoron -esa estética combinación de palabras de sentidos dispares cuyo nuevo sentido es intraducible y prácticamente inatrapable en términos lógicos- posee una familiar cercanía con lo absurdo paradojal…)

Qué le hubo robado la “Moral de las grandes verdades” a la vida a través de sus imposiciones lógicas? Mucho, sin duda. Y sea lo que haya sido sustraído del delicioso encanto trágico que siempre –siempre- tiene de celebrable la vida, la paradoja lo restituye.

La paradoja, o esa oportunidad de hacer renacer grietas de agua desnuda de los cauces de ríos secos en que la lógica racional ha transformado demasiado frecuentemente a los asuntos magnánimos de la existencia: el amar, el deseo, los placeres, la dicha, la voluptuosidad, las pasiones. Nada de esto podría ser meditado, reflexionado, pensado si el valor que aporta lo paradojal.


Hasta acá este post de cierre inconclusivo (haciendo honor al asunto en cuestión) cuyas últimas palabras no finales dejaremos a cargo de un cultor del pesimismo amante de los reversos lógicos. Emile Ciorán y un fragmento de “El ocaso del pensamiento”:



“Donde aparece la paradoja, muere el sistema y triunfa la vida. Por medio de ella la razón salva su honor frente a lo irracional. Lo que en la vida es turbio únicamente puede expresarse como maldición o himno. Quien no pueda servirse de ellos, sólo tiene una escapatoria a su alcance: la paradoja, sonrisa formal de lo irracional.
¿Qué otra cosa es, desde la perspectiva de la lógica, sino un juego irresponsable y, desde el buen sentido, una inmoralidad teórica? ¿Es que no se abrasan en ella todo lo insoluble, los desatinos y los conflictos que atormentan la vida desde lo más hondo?
Siempre que sus agitadas sombras hablan al oído a la razón, ésta viste sus susurros con la elegancia de la paradoja para enmascarar su origen. ¿Es la propia paradoja de salón algo distinto a la más profunda expresión que puede alcanzar la superficialidad? La paradoja no es una solución, ya que no resuelve nada. Puede emplearse solamente como adorno de lo irreparable. Querer dirigir algo con ella es la mayor de las paradojas. No puedo imaginármela sin el desengaño de la razón. Su falta de pathos la obliga a estar al acecho del murmullo de la vida y a suprimir su autonomía a la hora de interpretarla. En la paradoja la razón se anula por sí misma; ha abierto sus fronteras y ya no puede detener la invasión de los errores palpitantes, de los errores que laten. Los teólogos son parásitos de la paradoja. Sin su uso inconsciente hace mucho que tendrían que haber depuesto las armas. El escepticismo religioso no es más que su práctica consciente. Todo cuanto no cabe en la razón es motivo de duda; pero en ella no hay nada. De ahí el fructífero auge del pensamiento paradójico que ha introducido un contenido en las formas y ha dado curso oficial al absurdo.
La paradoja presta a la vida el encanto de un absurdo expresivo. Le devuelve lo que ésta le atribuyó desde el principio.”



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lunes, 22 de marzo de 2010

Eternity is now (La eternidad es ahora) - André Comte-Sponville

Eternity is now
(La eternidad es ahora)
André Comte-Sponville




"El amor, no la esperanza, es lo que nos ayuda a vivir.
La verdad, no la fe, es lo que nos libera.
Estamos ya en el reino de los cielos.
La eternidad es ahora".


"Love, not hope, is what helps us live.
Truth, not faith, is what sets us free.
We are already in the kingdom.
Eternity is now."



André Comte-Sponville
"The Little Book of Atheist Spirituality"

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domingo, 21 de marzo de 2010

Lo necesario, lo esencial y lo contingente - Jean-Paul Sartre


Lo necesario, lo esencial y lo contingente
Jean-Paul Sartre





“Lo esencial es la contingencia.
Quiero decir que, por definición, la existencia no es la necesidad.
Existir es ‘estar ahí’, simplemente;
los seres aparecen, se dejan encontrar,
pero jamás se les puede deducir […]

No hay ningún ser necesario que pueda explicar la existencia:
la contingencia no es una imagen falsa,
una apariencia que pueda desvanecerse;
es lo absoluto y, por consiguiente, la perfecta gratuidad. […]

Todo es gratuito, este parque, esta ciudad, yo mismo.
Y cuando uno cae en la cuenta de ello,
el estómago da vueltas y todo se pone a flotar.
He aquí la náusea.”




Jean Paul Sartre

“La Náusea”
(fragmento dicho por el personaje de Antoine Roquentin)

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sábado, 20 de marzo de 2010

Tsunetomo Yamamoto, Tashiro Tsuramoto: las enseñanzas del “Hagakure”




Tsunetomo Yamamoto, Tashiro Tsuramoto
Las enseñanzas del “Hagakure



No ceses en momento alguno de esculpir tu propia estatua.

Plotino




Ante la muerte de su maestro ocurrida en 1700, e impedido de practicar el seppuku, Tsunetomo Yamamoto -uno de los más relevantes samurais del siglo XVIII- se rapó y se retiró a vivir apartada y ermitañamente a una choza en las montañas.

Durante siete años compartió esa vida monacal de retiro y renuncia al mundo junto a su discípulo, escriba y amigo Tashiro Tsuramoto.

Fue este último quien compiló de manera unificada las enseñanzas y lecciones transmitidas a través de aquellas conversaciones de Bushido con Yamamoto, las que luego se llamarían “Hagakure” (expresión que en japonés significa “oculto trás las hojas”).


Como una suerte de “Enquiridion” en versión japonesa, aparecen allí toda una valiosísima suma de consejos, máximas, advertencias y enseñanzas imprescindibles para comprender el modo directriz que las recomendaciones de un maestro samurai dejó como legado a quienes le sucederían en el tiempo.

Bastante poco sabríamos del Bushido como estética de vida y ética de la subjetividad sin la transcripción de aquellas charlas. El “Hagakure” es, desde el punto de vista de la producción de la subjetividad guerrera, un sistema cuyas ideas permiten inferir la complejidad que poseía el modo de vida samurai.

Lo que Foucault conceptualiza –siguiendo a los griegos- como "epimeleia heatou" (Curso del Collège de France, año 1981-1982) es una práctica que si bien se halla ligada a la experiencia, la desborda generosamente. Citando a Foucault, el precepto de la epimeleia heatou se refería justamente a : “trabajar o estar preocupado por algo (…) describe una suerte de tarea, una actividad, implica atención, conocimiento, técnica”.

Ese “modo de cultivarse a sí mismo” a fin de elaborarse, convertirse, experimentarse a sí mismo, transformarse y acceder a un determinado modo de ser implicaba, como vimos, una askesis en la que intervenían toda una amplia cantidad de ejercicios sobre sí y para sí. El “Hagakure” se halla transversalizado constantemente por criterios que apuntan a ese cultivo de sí del que ya nos advirtieran los griegos.

En sus recomendaciones e ideas el “Hagakure” no sólo constituye un bello legado poético-existencial de un maestro a su querido discípulo, sino que ofrece un corpus desde el que se transparenta la ética y estética del modo de existencia samurai. Valga aclarar que hasta el siglo XVII no existió código escrito que aportara de manera clara los criterios de formación y las obligaciones a que estaban sujetos los samurais. Recién en el año 1615 apareció el llamado “Bukhé-sho-hatto”, un breve escrito destinado a las familias marciales que fue realizado por el monje zen Suden. El texto tenía trece preceptos que enmarcaban el comportamiento a esperar por parte de un guerrero samurai. Empezaba con las siguientes palabras:


“Las artes literarias,
el ejercicio de las armas del arco y de la caballería
son los estudios que deben seguir regularmente los samuráis”.


En cuanto a los escritos del Hagakure éstos fueron transmitidos durante dos centurias entre los guerreros japoneses de manera secreta. La reproducción de estos saberes fue hecha a mano, circulando de manera casi invisible entre los denominados samurais “despiertos”. Recién en 1906 esta suerte de memorias pedagógicas dialogadas fueron publicadas por primera vez.


Unas últimas reflexiones (que serían del agrado de Heidegger, seguramente...) de Tsunetomo Yamamoto, recogidas en el "Hagakure":



Sólo cuando uno consiga día y noche pensar en la propia muerte,
aceptar la propia muerte
y vivir asumiendo a toda hora
que el destino de uno consiste en morir,
habrá alcanzado la libertad en el camino del bushi
y podrá desempeñar su función, en tanto que bushi,
sin cometer jamás ningun fallo.



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Ser samurai, o la libre elección del morir




Ser samurai, o la libre elección del morir



Incierto es el lugar en donde la muerte te espera;
espérela, pues, en todo lugar.

Lucio Anneo Séneca



6- La libre elección del morir



Bushido es morir!” -nos hacen saber una vez más las célebres palabras del samurai Tsunetomo Yamamoto desde sus filosas y pedagógicas conversaciones con Tashiro Tsuramoto.

La muerte no sólo resulta ser un deber ético cuando se tiene como horizonte existencial la práctica del combate, sino que para el guerrero el morir es en sí el acto de libertad más básico y radical inscripto en la condición ontologica ética que reclama el Bushido.


“Meditation on inevitable death
should be performed daily.
every day,
when one's body and mind are at peace…”




“La meditación sobre lo inevitable de la muerte
debería ser practicada diariamente,
cada día, cuando el cuerpo y la mente de uno están en paz…”



Morir es la correcta libre elección que ha de tomarse con firmeza dentro de un modo de existencia samurai.

Indudablemente estamos hablando de hombres de un coraje extremo que enfrentaban con un coraje sin igual el rostro de la muerte en la espada sedienta de sangre que empuñaban sus adversarios.

Así pues, el campo de batalla de un Samurai no era ni una metáfora de la muerte, ni un meditar sobre la misma: es su más sincera y honrada opción de vida.

La muerte es la libérrima opción de vida por la opta quien se entrega a una existencia guerrera.

Optar por mantener la vida, por salvarse antes que morir guerreando era sinónimo de la peor de las cobardías. Contra este devenir en el que el valor comenzaba a menguar iban dirigidas las palabras de Tsuramoto en sus conversaciones con su discípulo. Y esta fue la razón por la cual no quiso publicar tales conversaciones, puesto que él mismo percibía la peligrosa radicalidad que debía tener una auténtica postura frente a la muerte para un verdadero samurai.

Cierto halo espartano sobrevuela este mandato de libre escogencia de la muerte. Se dice que las madres espartanas decían a sus hijos antes de partir para una batalla: “Vuelve con tu escudo o sobre él”, aludiendo a la costumbre de los espartanos de traer a sus heroicos hombres muertos en combate portados arriba de sus escudos. Imagino que, de existir una imaginaria madre en la vida de cada Samurai, ésta bien habría podido decir algo similar a lo que decian las espartanas parafraseándolas: “Vuelve con tu espada o bajo ella”.

Esta exigencia de valor heroico capaz de enfrentar cara a cara a la muerte y todos los rostros de peligro con que áquella se presenta durante un combate dió a los samurais su bien ganada fama de soberbios luchadores. De allí también su prestigio basado en el temor y respeto que generaba su sólo nombre como sinónimo de impiadosa ferocidad. Estos venerados practicantes del coraje en la lucha daban sus vidas por y con honor, sirviendo sin titubeos hasta las últimas consecuencias a quien consideraban su Amo o Señor.

Una vez más el emparentamiento con el estoicismo romano no deja de sorprenderme.
Así como Séneca le escribe en sus cartas a Lucilio sobre el imperativo de vivir cada día como si fuese el ultimo, Tsunetomo Yamamoto le aconsejará a su discípulo Tashiro Tsuramoto “morir anticipadamente cada mañana”. De este modo ha de concluirse sin rodeos que, ciertamente, que la vía del Samurai reside en la muerte.



By the “Way of the warrior” is meant death.
The Way of the warrior is death.
This means choosing death
whenever there is a choice between life and death.
It means nothing more than this.
It means to see things through, being resolved.”


Por “Camino del Guerrero” se entiende muerte.
El camino del guerrero es la muerte.
Esto significa elegir a la muerte
cada vez que se presenta la opción entre la vida y la muerte.
No significa nada más que esto.
Significa ver las cosas a través, siendo resueltas.”



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Bushido: la muerte como "sustancia ética"





Bushido: la muerte como “sustancia ética”





El sabio salva su vida al perderla

Epicteto
Filósofo estoico griego
(Hierápolis, 55 - Nicópolis, 135)





5- La muerte como “sustancia ética”



Para el espíritu samurai no hay tolerancia alguna al deshonor.

Si por alguna causa el deshonor acontecía en sus existencias, el precio de la deshonra se pagaba sin medias tintas: con el suicidio.

La ceremonia del suicidio guerrero se denominaba “Seppuku”, y el específico ritual de autodesentrañamiento finalizaba cuando un pariente del suicida, o amigo de éste le cortaba la cabeza. También se realizaba el Seppuku cuando se era capturado en el transcurso de una batalla, o cuando se quería dar una fuerte advertencia simbólica a algún poderoso Señor, y/o también como forma de “lavar” la bajeza de haber cometido una mala acción.


La muerte, como bien puede apreciarse desde las significaciones atribuidas al Seppuku, resulta un tema central en la moral guerrera del samurai. Dicho de otro modo, la muerte es la “sustancia ética” del Bushido.

Cómo se ha de posicionar el guerrero ante la muerte, frente a la muerte, desde la muerte, y para la muerte constituyen todas ellas una misma línea de demarcación ética radical para saberse y considerarse un auténtico Samurai.

En tal sentido se ha dicho (no sin vasto sustento) que el meollo mismo del Bushido, su esencia por así decirlo, es esa cabal comprensión del “ser-para-la-muerte” (y no justamente como comprendería Heidegger esa expresión varios siglos más tarde).




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La “enkrateia” y el dominio de sí en la ética samurai




La “enkrateia” y el dominio de sí en la ética samurai





Conquistar a los demás requiere fuerza; conquistarse a sí mismo el máximo vigor.
El que está contento con lo que tiene es verdaderamente rico.

Lao Tsé





4- La “enkrateia” del Samurai


Alcanzar la realización como guerrero incluía no sólo competir, superar y derrotar a los adversarios sino tener como prioridad el ejercitarse en todo aquello que apunte a superarse a sí mismo.

Se trata, como puede observarse, de una ética de la superación y la excelencia. La misma conllevaba un duro trabajo sobre el cuerpo, sobre el alma y el pensamiento. Esto es lo que podría llamarse una particular forma de constituirse a sí mismo como sujeto ético mediante una –original y singularísima- modalidad de relación consigo mismo.


El principio que los griegos antiguos denominaban "enkrateia" (principio que regula al dominio de sí mismo) es completamente aplicable al moldeo de la subjetividad que operaba en el “alma” del guerrero samurai. Una forma activa de dominarse y, en consecuencia, de alcanzar el autogobierno, permitía soportar, resistir, luchar y vigorizarse espiritualmente.


Pero lo fundamental es que, como consecuencia de todo ello, el combatiente se garantizaba una fortaleza que excedía el uso de su fuerza física o su magistral destreza con la espada: lo que aquí quedaba garantido con la práctica de la "enkrateia” era el hecho de no dejarse vencer jamás bajo ninguna circunstancia.


El orgullo samurai era no sólo el resultado de un arduo trabajo físico y cultivo de habilidades de lucha que se demostraba en el campo de batalla. Antes, mucho antes de cada contienda, en la silenciosa cotidianeidad de las vidas de estos ascéticos hombres aguerridos, se libraban las verdaderas batallas: aquellas que acontecían en el “interior” de sus propias cabezas (lo que equivale a decir en las luchas por el dominio de sus cuerpos, sus deseos, sus apetencias, sus pasiones, sus temores).

Las primeras y últimas fuerzas a las que había de enfrentar y vencer un Samurai eran aquellas que se debatían en su mismísimo interior, en su sí mismo. Ese era el lugar en el que se debía ser capaz de vencer. Salir victorioso cuando la lucha tiene por territorio a uno mismo: tal el primer precepto a cumplir en lo que a contiendas se refiere. Luego, por añadidura, llegará la gloria de triunfar en las batallas guerreadas contra el enemigo. En palabras del legendario Samurai Tsunetomo Yamamoto:


“Even if one's head were to be suddenly cut off,
he should be able to do one more action with certainty.
With martial valor,
if one becomes like a revengeful ghost and shows great determination,
though his head is cut off,

he should not die.”




“Incluso si la cabeza de uno fuera repentinamente cortada,
deberíamos ser capaces de llevar a cabo una acción más con certeza.
Con valor marcial,
si uno se convierte en un fantasma vengativo y muestra gran determinación,
a pesar de que su cabeza esté cortada,
no debería morir.”


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El maestro y la cuestión del “modelo” en la pedagogía del Bushido




El maestro y la cuestión del “modelo” en la pedagogía del Bushido





Con el verdadero maestro el discípulo aprende a aprender, no a recordar y obedecer.
La compañía del noble, no modela sino que libera.


Nisargadatta

(Bombay-India, 1897-1981)




Solo hay una manera de ser maestro: ser discípulo de sí mismo.


José Camón Aznar

Historiador y escritor español
(Zaragoza, 1898 — Madrid, 1979)





3- El maestro como guía y modelo


El Bushido se basa en la constante transmisión de una serie de valores y creencias cuyos profundos sentidos se debían comprender a partir de lo dicho por las palabras mismas. Pero comprender lo que enuncia el Bushido implicaba bastante más que alcanzar la intelección racional de lo que significan cada una de sus frases. El Bushido apunta a llegar al guerrero desde planos mucho más complejos que los que permite (y limita) la poderosa arma que de por sí es la palabra. Es por esto que desde el Bushido se tratará de transmitir el valor que emana de mantener la unidad indisoluble entre palabra-acto-vida.

En este contexto, la noción de “modelo” -como el referente a quien se ha de imitar para alcanzar lo mejor de sí mismo- es completamente coherente con la cosmovisión en que embebían sus creencias.

Desde el “modelo” (encarnado en la figura pedagógica del “maestro”) cada quien se exige constantemente apartarse del reposo, encarando con el mayor esfuerzo el trabajo y la acción sobre sí mismo. Nunca decaer. Esta incansable “ascesis” (como ya planteamos en otros temas referidos al Bushido y la ética guerrera) debe ser entendida como el ejercicio tendiente a la constitución progresiva de uno mismo en "objeto y fin absoluto" sobre el que ha de trabajarse desde la firme voluntad. Este trabajo sobre sí mismo sólo podía llegar a lograrse mediante esta intermediación del otro como modelo.


El cuidado de uno mismo es algo por aprender, y en esta pedagogía guerrera tendiente a lograr un correcto gobierno de sí mismo se torna imprescindible la presencia del maestro como guía orientador. Se trata, aclaremos finalmente, de una relación teñida de los valores de la nobleza, con un alto sentido del respeto hacia quien oficie de modelo, y una suerte de devenir amistoso que sin embargo conservará siempre sabiamente la asimetría entre los dos participantes de la interacción.




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El Bushido y la “conversión estoica” del guerrero




El Bushido y la “conversión estoica” del guerrero





Quieres cultivar tu alma? Vive pobre o como si lo fueses.


La verdadera felicidad no consiste en tenerlo todo, sino en no desear nada.



Grandes riquezas, gran esclavitud.




Lucio Anneo Séneca
Filósofo estoico
(Roma, 4 aC.- 65 dC.)




2- El desapego estoico



El ideal estoico de los samurais queda puesto en nítida visibilidad a través de sus hábitos, los cuales revelan una vida francamente desapegada de los bienes materiales o de cualquier interés por las riquezas y las banalidades de la fama.

Sus vidas, que rayaban con la frugalidad, estaban enmarcadas en un conjunto de prácticas muy similares a las que llevaban adelante los antiguos romanos. Para los estoicos (y de idéntica forma para los samurais) la transformación-conversión de sí mismo es un eje rotundo en el moldeo de la subjetividad. Esta transformación (conocida en el caso de los estoicos romanos precisamente bajo el nombre de “conversion estoica”) no estaba tanto basada en la adquisición de conocimientos, sino en el hecho de lograr liberarse de todas aquellas formas de dependencia que esclavizan.

El guerrero se libera de lo que no controla.

No es esclavo de ninguna atadura mundana, llámese a esta “dinero”, “bienes”, “objetos”, “poder”, "reconocimiento". Y esta liberación de lo que lo esclaviza (o potencialmente lo esclavizaría) se basa en la continua práctica del ejercicio ascético.

La independencia del mundo externo y sus superficiales juegos de espejismos resulta un camino ineludible a seguir para adquirir una verdad, la verdad del Bushido como ethos en que habitará el guerrero.


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El Samurai y el ideal de perfección




El Samurai y el ideal de perfección



La excelencia moral es resultado del hábito.
Nos volvemos justos realizando actos de justicia;
templados, realizando actos de templanza;
valientes, realizando actos de valentía.

Aristóteles




1-El ideal de perfección


La ética aristocrática del Samurai (o “bushi”) direcciona todos los esfuerzos en torno al objetivo de alcanzar el ideal de excelencia.

Si los antiguos griegos consideraban a la excelencia (areté, del griego αρετή) como una pieza clave de la dimensión ético-política y un ideal ligado a una virtud "entrenable" desde la repetición del hábito, la excelencia será también la búsqueda continua de perfección sintetizable en el Bushido bajo la máxima que dice:


“La perfección es una montaña inescalable
que debe ser escalada a diario.”



Así la práctica guerrera es el medio a través del cual se sostiene, se da forma, y se incita al Samurai para llegar a serlo plenamente. El combate, con sus profundos significados y sentidos, es el terreno sobre el cual se siembran y cosechan los aprendizajes del guerrero que aspira a la virtud de la excelencia.

Pero el core a través del cual verdaderamente se realizará la transformación de sí mismo (lo que Foucault llamaría la “sustancia ética”) será, como veremos más adelante, su postura filosófica ante la muerte.


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Transformarse en guerrero, convertirse en Samurai



Transformarse en guerrero, convertirse en Samurai




Pero en el yermo más solitario se cumple la segunda transformación:

el espíritu se torna aquí león;
quiere conquistar la libertad y ser señor en su propio desierto.

Friedrich Nietzsche
"De las tres transformaciones"




Deberíamos preguntarnos entonces qué planos de la subjetividad se hallaban interpelados por el moldeo que imponían las creencias del Bushido? A qué transformaciones del “cuerpo-alma-mente” había de sujetarse y exponerse el guerrero aspirante a Samurai para poder preciarse como tal? Qué areas y aspectos de la subjetividad debía empeñarse en conocer, controlar, experimentar, perfeccionar y transformar un individuo en este ejercicio continuo que es la realización moral de sí mismo como guerrero aristocrático?


En total sintonía con lo que sostenían los griegos del siglo IV aC., para la ética samurai el sujeto debe transformarse para tener acceso a la verdad. Una mutación de sí, una conversion operada en el interior del individuo resulta imprescindible para alcanzar la verdad del Bushido. Nos dice Foucault aportando en esta misma dirección en “Hermenéutica del sujeto”: "La verdad es lo que ilumina al sujeto y da tranquilidad al espíritu."


Foucault ha insistido desde distintos textos y problemáticas sobre la dimensión de la ascesis en la formación y transformación subjetiva. Desde la ascesis cada individuo efectúa el esfuerzo por incorporar técnicas que lo hagan desembocar en determinadas disposiciones o “habilidades de ser”. En el caso del Samurai, cada guerrero debe hacer pasar por su “cuerpoalmamente” ciertas técnicas hasta hacerlas devenir en disponibilidades subjetivas. Este pasaje que se realiza a través, por ejemplo, de ciertas técnicas de combate u otros tipos de técnicas de dominio de sí permiten “hacer pasar por el sutil tejido de la subjetividad” no sólo modos de enfrentamiento físico a disponer en un combate, sino también ciertos preceptos, creencias y valores claves en el momento de librar una lucha en el terreno que sea.

La palabra “ascesis” quiere decir en este sentido que un sujeto en particular aplica cierto número de pruebas sobre y a sí mismo. Se pone a prueba, digamos. Dichas pruebas –sean provenientes de técnicas corporales o de técnicas espirituales- constituyen un ejercicio de moldeo subjetivamente hablando.

El objetivo de tales ejercitaciones a que se ha de exponer un individuo en su “camino” como guerrero busca llevarlo hacia una transformación, una radical modificación de “sí” tal que se produzca una alteración, una muda en las maneras de actuar, pensar, juzgar y sentir-se a sí mismo y a su realidad circundante.

Convendría ahora sí, echar un vistazo a algunas de las principales transformaciones que debían operarse en el “cuerpoalmamente” de estos legendarios guerreros japoneses.


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Los 4 votos del Bushido y la “inquietud ontológica” del guerrero





Los 4 votos del Bushido y la “inquietud ontológica” del guerrero





Un samurai debe evitar siempre el quejarse, incluso en la vida corriente.
Debe mantenerse en guardia para no dejar escapar jamás
una palabra que exprese debilidad.


Tsunetomo Yamamoto
(Samurai - 1659 - 1719)






“Bushido” significa, literalmente “el camino del guerrero”.

Sus claves se resumen a entender cabalmente y practicar los alcances de los 4 votos:


1. No te rezagues nunca en la práctica del bushido.
2. Sé siempre leal y devoto en el servicio a tu Amo.
3. Cumple tus obligaciones para con tus padres.
4. Despierta tu compasión hacia todos los seres para poder consagrarte al servicio de los demás.


La clase Samurai estaba constituída por los mejores hombres, de allí que pueda aplicarse claramente y con justicia a ellos la expresión “aristócracia guerrera” (estamos utilizando aquí la palabra “aristocracia” desde su raíz griega: el calificativo “aristoi” aludía a los “los más buenos” en el sentido de “los mejores”).

Eran hombres de guerra, honestos, confiables, amables, con un profundo sentido de la cortesía y la amabilidad, honrados, cuya simple mención era considerada como equivalente del honor y el compromiso. Grandes cultores de la noble amistad y sapientes de todos los rostros que debe enfrentar quien se entregue al heroísmo, estos guerreros eran capaces de enfrentar los mayores peligros plantados en un radical orgullo de sí mismos y de sus habilidades como poderosos combatientes. También se destacaban por su destreza como jinetes y eran famosos asimismo por sus habilidades en el uso del arco y flecha.

El códice Samurai es considerado como el conjunto de valores y principios a los cuales debe apegarse la conducta del caballero que guerrea. Cuál ha de ser la obra final a que debía aspira un guerrero de esta noble clase japonesa? Pues esa obra había de ser, ni más ni menos, que llegar a la creación de una identidad. La culminación de esa obra que era la vida misma del guerrero, era la adquisición de un sí mismo cuyo nombre de clase era más poderoso que la pálida individuación que representaba un nombre y apellido. Se trata de llegar a crearse y ser “Samurai”.

Si seguimos en esta línea a Michel Foucault: “El individuo circunscribe la parte de sí mismo que constituye el objeto de esta práctica moral; define su posición en relación con el presente que sigue, se fija cierto modo de ser que valdría como realización moral de sí mismo y para hacerlo así obra sobre sí mismo, se empeña en conocerse, se controla, se experimenta, se perfecciona, se transforma". (“Usage des plaisirs”, p. 35).


Volverse guerrero, ser samurai, tal podría ser el resumen del supremo mandato al que se adherían estos feroces seguidores del Bushido.



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Qué es el Bushido?



Qué es el Bushido?






El samurai nace para morir.

La muerte, pues, no es una maldición a evitar,
sino el fin natural de toda vida.

Tsunetomo Yamamoto
(Samurai - 1659 - 1719)






El “Bushido” (武士道) constituye mucho más que un sólido código de honor entre guerreros.

Bushido
es la palabra que resuena como sinónimo de excelencia guerrera, como sentido del honor y como posición ética ante la muerte.

Desarrollado entre las eras Heian y Tokugawa (siglos IX-XII) este conjunto de principios y preceptos que regulaban la formación continua de los samurais operaba como un poderoso eje formador-transformador de la subjetividad de los aspirantes a ser los mejores y más respetados guerreros.

El Bushido, como dispositivo discursivo -cuyos enunciados se hallan configurados bajo el formato de máximas, consejos o prescripciones morales- establecía ciertas normas que demarcaban cuales habían de ser los valores tradicionales a seguir por la clase guerrera japonesa durante su formación, su vida entera, y su muerte.

De este modo, puede afirmarse que el Bushido constituye una de las mejores muestras de ética aristocrática ligada al cuadrángulo de sentidos que se tramaba entre la práctica del combate, el pathos de la guerra, el sentido del coraje, y la muerte.

Asimismo, contiene todo un marco de ideas que pintan con singular riqueza aquello que Foucault llamara una “práctica de sí”: el Bushido es, efectivamente, un modo de dominio de sí mismo cuyas específicas técnicas de subjetivación desembocarán en el moldeo del alma del guerrero samurai.

Una preocupación continua por el gobierno de sí, la valoración de la lealtad, la elección de la muerte como opción vital, y un ideal de superación-perfección contenido dentro de una profunda concepción del deber configuran interdependientemente los principales aspectos de la formación de la subjetividad del guerrero a que apuntan las enseñanzas del Bushido.

Tal “inquietud ontológica” del guerrero tiñe la totalidad de la existencia de aquellos que se entregaban a alcanzar este ideal subjetivo y social que constituía la clase Samurai.

Estos serán algunos de los planos que nos ocuparemos de deconstruir en las próximas reflexiones en torno a este brillante enigma antiguo que nos convoca bajo el nombre de "Bushido".




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domingo, 14 de marzo de 2010

"Sonêto de Fidelidade" - Vinicius de Moraes (en portugues y traducido al español)


"Sonêto de Fidelidade"
Vinicius de Moraes
Río de Janeiro, 19 de octubre de 1913 – 9 de julio de 1980



De tudo, meu amor serei atento
antes, e com tal zelo, e sempre, e tanto
que mesmo em face do maior encanto
dele se encante mais meu pensamento.

Quero vivê-lo em cada vão momento
e em seu louvor hei de espalhar meu canto
e rir meu riso e derramar meu pranto
ao seu pesar ou seu contentamento.

E assim, quando mais tarde me procure
Quem sabe a morte, angústia de quem vive
Quem sabe a solidão, fim de quem ama

Eu possa me dizer do amor (que tive):
Que não seja imortal, posto que é chama
Mas que seja infinito enquanto dure.






Soneto de fidelidad


A todo, mi amor estaré atento
antes, y con tal celo, y siempre, y tanto
que aún delante del mayor encanto
de él se encante más mi pensamiento.

Lo quiero vivir vano momento
y en su alabanza he de esparcir mi canto
y reír mi risa y derramar mi llanto
a su pesar o su alegría.

Y así, cuando más tarde me busque
quién sabe la muerte, angustia de quien vive
quién sabe la soledad, fin de quien ama

yo pueda decirme del amor (que tuve):
que no sea inmortal puesto que es llama
pero sea infinito mientras dure.




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"A fuego lento"

Algunos absurdos en torno a la pasión



Algunos absurdos en torno a la pasión




"Cuando dos personas están bajo la influencia de la más violenta, la más insana, la más ilusoria y la más fugaz de las pasiones, se les pide que juren que seguirán continuamente en esa condición excitada, anormal y agotadora hasta que la muerte los separe.
"


George Bernard Shaw
1856-1950
Escritor irlandés


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Hesíodo y el espumoso nacimiento de Afrodita







Hesíodo y e
l espumoso nacimiento de Afrodita






El cuerpo no es más que un medio de volverse temporalmente visible.
Todo nacimiento es una aparición.

Amado Nervo


Afrodita, diosa de... la multiplicidad erótica.

Coronada por el don de la belleza, una inagotable y natural capacidad de seducción, y siendo su sola presencia desencadenante del deseo sensual y la voluptuosidad, estamos ante una de las deidades más encandilantes (y encantadoras) del Olimpo. Fue venerada como diosa del amor, ha sido la antigua patrona de las hetairas y prostitutas y -claramente los griegos no basaban el culto de sus dioses a la lógica de la no-contradicción- también diosa de la vida conyugal. Podría decirse que allí donde Afrodita interviene, el deseo concupiscente se instala. Pero la fugacidad también envuelve con su aura los placeres que es capaz de prodigar la deslumbrante deidad:. Si como Marguerite Yourcenar sostenía el presente es un momento fugaz aunque su intensidad lo haga parecer eterno, Afrodita reina en el territorio de las intensidades eternizables...


Su origen es bastante conocido: su cuna es asociada con el mar. Pero veamos que ha de depararnos una incursión más detallada en el relato de su nacimiento, pues desde este punto de vista la diosa del placer, se las trae...


Existe una versión -la más extendida, divulgada y conocida- del nacimiento de la diosa: se la presenta como emergiendo de la espuma del mar. Pero no se trata de cualquier efervescencia. La historia que la precede es un tanto violenta: Cronos (hijo de Urano) le cortó los genitales a su padre bajo la aparente "razón" de envidiar el poder de éste como gobernante del universo y aspirar, en consecuecia, a ocupar su trono. Luego de tal cruento acto, Cronos se encarga de arrojar el miembro genital de su padre al mar. Y de la agitada esperma movida por las mareas y el oleaje, cubierta de blanquísima espuma emergerá Afrodita (en antiguo griego Ἀφροδίτη).

Relato de origen... fuertón, digamos. Para tratarse de un nacimiento, observemos que la hermosa joven es engendrada sin madre. En segundo lugar, de algún modo también se las debío arreglar sin padre (aunque haya sido nacida del semen testicular que flotaba en el mar). Su nacer es producto de un acto de castración llevado a cabo por la filosa hoz de pedernal que empuña Cronos, quien es asimismo su hermano mito-genético, podría decirse. Y para completar el "mapa" psiconovelado de su original vida, no tuvo infancia (nació núbil, en la plenitud de su juventud).

Así, Afrodita nos aparece emparentada a dos entidades masculinas: el cielo (Urano) y el poderoso tiempo (Cronos). Hija mítico-genética de un padre destituído y castrado, y hermana de un titán ambicioso y parricida (genitalmente hablando). Por temor a que su deslumbrante y poderosa belleza generara conflictos entre los dioses masculinos, Zeus resolvío tal asunto sin titubeos: "la casó", poniéndole la brida del matrimonio en menos que canta un gallo. Vaya novela familiar para la diosa del encanto y el placer voluptuoso!

Tan cautivante resultaba a los hombres y dioses el hecho de imaginar la sóla presencia de la vanidosa y voluble diosa (no olvidemos los relatos nos cuentan que Afrodita podía conseguir que quien sea cayera enamorado a sus pies con sólo mirarla a los ojos) que nada le costó hacerse de un largo listado de amantes y consortes divinos o mortales con los que tuvo abundante prole compuesta por unos quince descendiente: tuvo entre sus amantes al bello Adonis -a quien finalmente debió compartir fifty-fifty con Perséfone-, conquistar al iracundo guerrero Ares quien sera padre de varios de sus numerosos hijos (uno de los cuales, en algunos mitos, es nada más y nada menos que el propio Eros), seducir al escultor Pigmalión, también amó al pastor Anquises (con quien tuvo a su protegido hijo Eneas), cautivó con sus encantos al ático argonauta Butes (con quien también tuvo dos descendientes), de su amorío el hijo de Helios -Faetón- concibió a Astinoo, con el multifacético dios Hermes tuvo entre otros al inmortal Hermafrodito, y hasta se dió el lujo de entrar en extasis sexual con el desbordante Dionisos (unión de la cual nacieron tres hijos). Como puede apreciarse, la muchacha la pasó bien en lo que a deleites de la carne se trata...

Pero dejemos por un rato a Afrodita en el diván. Me temo que tiene bastante material biográfico con el que alimentar la "asociación libre"...

Siempre he tenido una gran curiosidad por las interrogaciones e inferencias que pueden establecerse desde el propio nombre de la diosa. Como ya dijimos, "Afrodita" proviene del antiguo griego Ἀφροδίτη. En concordancia con la etiología marina que enmarca su surgimiento, y si simplemente seguimos a su vez la etimologia popular de aquellos tiempos, vemos que ἀφρός (aphrós) significa "espuma". Hasta aquí, pura lógica arbitraria y/o de sentido entre la palabra, su signo, la designación y el acontecimiento que se pretende nombrar.

Mi inquietud aparece cuando pienso en "qué representa" la espuma misma, a qué sugestiva cadena de asociaciones invita la espuma, fenómeno natural de las mareas explicitado en el propio nombre de la diosa de lo voluptuoso?

Ver espuma me resulta algo bello, efervescente, casi me atrevería a decir “lúdico”: un alocado juegueteo visual sobrenadando blandamente la superficie, una visión sonora compuesta por pequeños circulitos que viran del blanco a la transparencia, filtrando la luz en microfulgores destellantes.
Me gusta ver la espuma adornando sinuosamente las playas, como si con su borde blanquecino tratara de dibujar infructuosamente los vaivenes fronterizos entre el fin del agua y el principiar de las sed de las arenas.
La espuma marina fue un objeto de observación y meditación temprano en mi vida. Constituye algo que me llamó siempre la atención desde la infancia: invariablemente intentaba con inocencia atraparla, hacerla permanecer en la palmita breve de mis manos y… siempre se desvanecía hacia la nada de la invisibilidad, ante mis azorados ojos que buscaban respuesta. Dónde está la encantadora espuma que hasta hace un instante atrás creía tener en mis manos?

Con el tiempo –eso que contabilizamos bajo la tiranía de los años cuando se trata de medir su paso por nuestra propia existencia- seguía arrimándome a cuanta playa y mar espumoso podía, e intentaba continuar con aquel ritual. Casi como un primer contacto con la naturaleza de las olas, una vez más reiniciaba aquel juego infantil de atrapar el truco de escapismo de (técnicamente hablando en crudo lenguaje minerológico) el silicato magnésico hidratado. Obviamente el resultado se repetía siempre: luego de unos instantes de deleitarme con sus encantos sensoriales, la belleza de “aphrós” de volvía evanescente. Inatrapable, la histérica espuma siempre me duraba un suspiro (mi indulgencia psicoanalítica me indicaba, ya en mi adultez, que la disculpara: pobre aphrós, qué esperaba de quien había tenido aquella traumática historia paterna y familiar en su origen..!)


Pequeñas lecciones que me dejó tempranamente esta aproximación sensible al irresistible encanto de lo espumoso afrodisíaco:

-la belleza es un imán con poderes de encantamiento;
-cierta deslumbrante hermosura visual que nos atrae de las formas que adopta la materia está indiscutiblemente sujeta a la “ley de lo impermanente” cuando no, lo bello es simple y directamente un estado efímero;
-tratándose de asuntos de Afrodita, el goce sigue la lógica del instante y la intensidad;
-es sabio no esperar de los “asuntos” que rige la venerada divinidad del placer nada que tenga que ver ni con la duración ni con la fidelidad pasional a un sólo objeto-sujeto;
-la “moral de la fidelidad” y la constancia amorosa son criterios que esta deidad pagana puede ignorar plenamente. Sino preguntémosle al malhumorado y deforme Hefesto -dios de la forja y del fuego, y su esposo en el panteón de los Olímpicos- quien desquiciado por los amoríos de la diosa hasta llegó a tejer una red metálica con la que la "cazaría" junto a su amante Ares, para risotada del resto de los dioses. Pese a ello, y por esos avatares de mutación que suelen suceder en el devenir de los mitos, y sus cultos Afrodita Urania será luego emblema del amor conyugal (?);
-los placeres de los sentidos se “esfuman” demasiado rápidamente (nos queda, en compensación, ese ciertamente imperfecto consuelo de la percepción perdida al que llamamos “memoria”);
-la promesa de placer que emite lo “que nos es agradable a la vista” nos vuelve -por el tiempo que dure dicha atracción hacia lo bello- cautivos de las expectativas de goce que nos despierta;
-Afrodita, sus apetencias y sus eróticos deleites están enlazados por el peligroso hilo conductor del deseo e igualmente teñidos con la lógica de la inconstancia objetal. Como diría el gran poeta Vinícius de Moraes: "Que não seja imortal, posto que é chama/mas que seja infinito enquanto dure" (que no sea inmoral puesto que es llama/pero que sea infinito mientras dure).


La irresistible diosa de la atracción física-sexual fue adorada en todo el mundo antiguo. Recordemos que dió sus primeros pasos cerca de las costas de Laconia, más precisamente en la isla sagrada de Citera, entre el Peloponeso y Creta. Huelga decir que a partir de aquel legendario momento se comenzó a considerar a dicha región como un lugar sagrado ligado a los placeres, el erotismo y al amor. Luego su andar la llevaría hacia Chipre, donde también será reverenciada por siglos. Su culto se extenderá por toda Grecia y continuará más tarde incluso bajo el nombre de "Venus" en la cultura mitológica romana.


La versión, que proviene de la "Teogonía" del poeta beocio Hesíodo, es la que reproduzco aquí para deleite de nuestra imaginación mitológica:


Y los genitales, ni bien se los cortó con el hierro,
los arrojó desde la tierra firme al ponto agitado,
y así el mar los llevó por mucho tiempo; entonces en derredor una blanca
espuma se levantó del miembro inmortal, con la que una muchacha
se crió; primero a la divina Citera
llegó; desde donde se fue luego a Chipre circundada por las aguas.
Allí se instaló la bella diosa venerable, y en torno la hierba
brotó bajo sus ágiles pies. A ella Afrodita,
diosa engendrada de la espuma y citérea de bella corona,
la llaman dioses y hombres, porque en la espuma
se crió; y también Citérea porque llegó hasta Citera;
y Ciprógena , porque nació en la agitada Chipre,
o Filomedea, porque de los genitales salió a la luz.
Eros la acompañó y el hermoso Hímero la siguió
desde que nació y se incorporó a la estirpe de los dioses.
Y desde el principio tiene tal honor y le fue asignado
este destino entre los hombres y los dioses inmortales:
confidencias virginales y sonrisas y engaños
y dulce deleite y amor y suavidad .





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Imagenes por orden de aparición:

Nacimiento de Venus (1879)Bouguereau
Óleo sobre lienzo, 300 x 218 cm
Musée d'Orsay, París


Urano es castrado por su hijo Cronos
Relieve griego alusivo al nacimiento de la diosa AfroditaEs conocido como "trono Ludovici"Data aprox. del 450 aC.

Detalle del nacimiento de Afrodita
Pelike ático
370-360 aC.


Las tres transformaciones - Friedrich Nietzsche (Así habló Zaratustra)



"Las Tres Transformaciones
"

Friedrich Nietzsche
(Así habló Zaratustra)



Tres transformaciones del espíritu os menciono: cómo el espíritu se convierte en camello, y el camello en león, y el león, por fin en niño.

Hay muchas cosas pesadas para el espíritu, para el espíritu fuerte, paciente, en el que habita la veneración: su fortaleza demanda cosas pesadas, e incluso las más pesadas de todas.
¿Qué es pesado? pregunta el espíritu paciente, y se arrodilla, igual que el camello, y quiere que se le cargue bien.
¿Qué es lo más pesado?, oh, héroes" pregunta el espíritu paciente, para que yo cargue con ello y mi fortaleza se regocije.

¿Acaso no es: humillarse para hacer daño a la propia soberbia? ¿Hacer brillar la propia tontería para burlarse de la propia sabiduría?

¿O acaso es: apartarnos de nuestra causa cuando ella celebra su victoria? ¿Subir a altas montañas para tentar al tentador ?

¿O acaso es: alimentares de las bellotas y de la hierba del conocimiento y sufrir hambre en el alma por amor a la verdad?

¿O acaso es: estar enfermo y enviar a paseo a los consoladores, y hacer amistad con sordos, que nunca oyen lo que tú quieres?

¿O acaso es: sumergirse en agua sucia cuando ella es el agua de la verdad, y no apartar de si las frías ranas y los calientes sapos?

¿O acaso es: amar a quienes nos desprecian y tender la mano al fantasma cuando quiere causarnos miedo?

Con todas estas cosas, las más pesadas de todas, carga el espíritu paciente: semejante al camello que corre al desierto con su carga, así corre él a su desierto.

Pero en lo más solitario del desierto tiene lugar la segunda transformación: en león se transforma aquí el espíritu, quiere conquistar su libertad como se conquista una presa, y ser señor en su propio desierto.

Aquí busca a su último señor: quiere convertirse en enemigo de él y de su último dios, con el gran dragón quiere pelear para conseguir la victoria.

¿Quién es el gran dragón, al que el espíritu no quiere seguir llamando señor ni dios? "Tú debes" se llama el gran dragón. Pero el espíritu del león dice "yo quiero".
"Tú debes" le cierra el paso, brilla como el oro, es un animal escamoso, y en cada una de sus escamas brilla áureamente el "¡Tú debes!".

Valores milenarios brillan en esas escamas, y el más poderoso de todos los dragones habla así: "todos los valores de las cosas brillan en mí".

"Todos los valores han sido ya creados, y yo soy -todos los valores creados. ¡En verdad, no debe seguir habiendo ningún 'Yo quiero!". Así habla el dragón.

Hermanos míos, ¿para qué se precisa que haya el león en el espíritu? ¿Por qué no basta la bestia de carga, que renuncia a todo y es respetuosa?

El león es no es aún capaz de hacerlo crear nuevos valores: mas crearse libertad para un nuevo crear, eso si es capaz de hacerlo el poder del león.

Crearse libertad y un no como respuesta incluso frente al deber: para ello, hermanos míos, es preciso el león.

Tomarse el derecho de crear nuevos valores es el deber más horrible para un espíritu paciente y respetuoso. En verdad, eso es para él robar, y cosa propia de un animal de rapiña.

En otro tiempo el espíritu amó el "tú debes" como su cosa más santa: ahora tiene que encontrar ilusión y capricho incluso en lo más santo, de modo que robe el quedar libre de su amor: para ese robo se precisa el león.

Pero decidme, hermanos míos, ¿qué es capaz de hacer el niño que ni siquiera el león ha podido hacerlo? ¿Por qué el león rapaz tiene que convertirse todavía en niño?

Inocencia es el niño, y olvido, un nuevo comienzo, un juego, una rueda que se mueve por sí misma, un primer movimiento, un santo decir sí.

Sí, hermanos míos, para el juego del crear se precisa un santo decir si: el espíritu quiere ahora su voluntad, el retirado del mundo conquista ahora su mundo.

Tres transformaciones del espíritu os he mencionado: cómo el espíritu se convirtió en camello, y el camello en león, y el león, por fin, en niño.




Así habló Zaratustra. Y entonces residía en la ciudad que es llamada: La Vaca Multicolor.

Friedrich Nietzsche


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La potencia de un cuerpo que goza - Michel Onfray

La potencia de un cuerpo que goza
Michel Onfray


"La felicidad está en el cuerpo, más específicamente, en una clase de acuerdo del cuerpo con la realidad, que permite la alegría, la armonía, el júbilo, el placer, todas fantasías en forma de variaciones posibles sobre le tema de la materia. A la pregunta: dónde está la felicidad?, yo respondería: está en potencia en un cuerpo que goza."




De "El deseo de ser un volcán - Diario hedonista"
Perfil libros, Bs. As., 1999

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sábado, 13 de marzo de 2010

El sacerdote y poder pastoral - Gilles Deleuze (charla en francés - subtitulada)

El sacerdote y poder pastoral
Gilles Deleuze

(charla en francés - subtitulada)



Una lúcida intervención de Deleuze en torno a la invención del sacerdote, el paso de las concepción de "deuda infinita" al de "deuda finita", en el marco de las sospechas de antisemitismo que pesan sobre ciertos escritos nietzscheanos.... imperdible, un lujo para el oído y subtitulado en español.







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Jim Morrison Handwritten "Nietzsche" Prose


Jim Morrison Handwritten "Nietzsche" Prose





Jim Morrison's fascination with Friedrich Nietzsche is captured on film during an impromptu pre-concert, backstage performance at upstate New York's Saratoga Performing Arts Center on September 11th, 1968. WIth the 'Feast Of Friends' film crew on hand, Morrison takes a seat at the grand piano and devises the clever and astute "Ode to Friedrich Nietzche." During the spontaneous performance, Morrison specifically refers to the horse whipping incident referenced in this page of handwritten prose. This remarkable film, featured in both 'The Soft Parade' video and 'Feast Of Friends," can be accessed online at the YouTube website.

1960's. Jim Morrison's admiration of 19th century German philosopher Friedrich Nietzsche is showcased here with historical accuracy in this unpublished prose. The details of Nietzsche's nervous breakdown in January 1889 are well-documented. He did, indeed, throw "his arms around the animals neck and burst into tears". The reference to contracting syphillis as a young man and carrying "the germs of chaos all his years" also is factual. The reference to Richard Wagner is interesting as well since Nietzche became a close friend of the German composer while he was teaching in Switzerland. Some of Nietzsche's last years were spent in an asylum. Perhaps Morrison's interpretation of that period in the philosopher's life are summed up: "When at last despaired of embodying in words his entire world of thought, he let those forces sweep through him and explode chambers in his brain".



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http://www.the-doors-world.com/pages/DoorsMania.htm

Gilles Deleuze - El deseo no es pues, interior a un sujeto



“El deseo no es pues, interior a un sujeto, ni tampoco tiende hacia un objeto: es estrictamente inmanente a un plano al que no preexiste. A un plano que es necesario construir, y en el que las partículas se emiten, y los flujos se conjugan . Si no hay desplegamiento de ese campo, propagación de tales flujos , emisión de tales partículas, no hay deseo.”


Gilles Deleuze

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jueves, 11 de marzo de 2010

William Shakespeare - Blindness



“Looking on darkness which the blind do see” (*)


William Shakespeare






(*) “Mirando la oscuridad que ven los ciegos”.


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Himno al mar - Jorge Luis Borges


Himno al mar
Jorge Luis Borges
(su primer poesía, escrita en 1919)


Oh mar! oh mito! oh largo lecho!

Y sé por qué te amo. Sé que somos muy viejos.
Que ambos nos conocemos desde siglos.
Sé que en tus aguas venerandas y rientes ardió la aurora de la Vida.
(En la ceniza de una tarde terciaria vibré por primera vez en tu seno).
Oh proteico, yo he salido de ti.
¡Ambos encadenados y nómadas;
Ambos con un sed intensa de estrellas;
Ambos con esperanzas y desengaños;
Ambos, aire, luz, fuerza, oscuridades;
Ambos con nuestro vasto deseo y ambos con nuestra grande miseria.



Jorge Luis Borges



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miércoles, 10 de marzo de 2010

El deseo: ni adentro ni afuera



El deseo
Ni adentro ni afuera





En ese espacio equívoco
el espíritu ha perdido su patria geométrica
y el alma flota.

Gastón Bachelard





El deseo no tiene un “dónde”. Y bien poco puede decirse respecto de su “cuándo”.

Refractario al espacio y a la temporalidad, del deseo sólo puede afirmarse que deviene, circula, fluye, produce.

Estrictamente hablando el deseo tampoco se “tiene” (el verbo tener exige un poseedor de la cosa… existe acaso un poseedor del deseo, quién? el sujeto? el “dueño” del caótico inconciente o quien se apersone como su detentador? acaso sea esa entidad tan discutida a que se denomina “Ser”? quién entonces, si hasta nuestra identidad ha resultado ser desde performativa a múltiple, pero seguramente ni unitaria ni sede del Ser…).

También se entraría en una zona altamente resbalosa si pensamos en “el ser del deseo”, excepto que consideremos a esta expresión matafórica como un intento romántico-poético de representar a un sujeto singular atravesado por los flujos deseantes. Recapitulando, el verbo “tener”, al igual que los básicos verbos “ser-estar” resultan complicados a la hora de ubicárselos en las cuestiones deseantes.

El deseo es en sí mismo, dirá Deleuze, señalando de un modo firme la imposibilidad de sustancializar el deseo. El deseo sin sustancia, deseo sin sujeto, deseo sin tiempo, deseo sin lugar… uffff!!!!! Casi nada de qué asirnos para merodear el asunto del deseo, o sea, de qué hablamos cuando hablamos del deseo. Inutilidad de cualquier arrebato platónico, imposibilidad de cercarlo bajo ninguna “coseidad”.

Como sostenía Camus, comenzar a pensar es comenzar ya a estar minado, entonces, bajo qué puntos de referencia situarse en este campo minado que es “pensar el deseo”?


El verbo “haber” ofrece, tal vez, algunos caminos posibles.
Puede sostenerse desde la aplicación de este verbo a la cuestión del deseo que, por ejemplo, “hay deseo” (oración simple e impersonal aplicable a una relación entre el sujeto y sus objetos, o también a aquello que “hay-hubo-había” en cierto vínculo intersubjetivo). Del mismo modo puede afirmarse que el deseo es parte de lo que “hay”, de lo habiente, puesto que circula, acontece, fluye, deviene, genera efectos.

Deseo entonces como parte inequívoca de lo habiente, deseo como efectos del deseo.

Ahora bien, que el haya deseo no habilita a suponer que ese “haber” ese “hay” del deseo se encuentre dentro de una cierta interioridad o fuera, en alguna incierta exterioridad.

El deseo no posee un alojamiento determinado, su condición como parte de lo “habiente” no lo ubica ni adentro ni afuera de nadie ni de nada. Aunque, como veremos, desde la tradición de las ideas filosóficas se haya asociado su locus al interior del sujeto.

Si abandonamos la idea de deseo asociada a un adentro o a un afuera, nos quedaría un deseo circulando en una topología propia de una banda de Moebius? Extraño a las solemnidades geométricas, qué imago correspondería al desear, o cómo hallar una espacialización que no limite, por ejemplo, la idea de devenir que le es inherente?

A esta altura me resulta evidente que el deseo (y el campo de la subjetividad a que este alude) es más poderoso que cualquier celda geométrica formal.

Tal vez se requiera de un audacia intelectual a “lo Deleuze”, a “lo Lacan” (pero superadora de ambos) que se atreva a pensar el deseo sin afán de fórmulas o matemas, ni estrecheces ideológicas de ninguna índole. Un reflexionar acerca del deseo que contexture su fluencia constante y el pensamiento de dicha fluencia a través de imágenes no esclavizadas por perspectivas geométricas clásicas. Pensar el deseo en sus constantes turbulencias, en su imposibilidad de fijeza, en sus modificaciones e inversiones, en sus vértigos, en sus extravíos, en sus esquinas curvas, transtrocando constantemente adentros y afueras (bordes ficticios tratándose del desear, bordes que no son tales excepto en la mente límpida de los lógicos formales). La cartografía propuesta por Deleuze ha sido sin dudas un enorme avance, pero se requiere un paso más.


El deseo, lejos de la voluntad geométrica, es una llama… siempre vacilante.


(Un juego inicial de sensibilidad imaginativa inicial). Probemos los siguientes rasgos descriptivos de una imago anti-geométrica del deseo:


-Comparte la tonalidad caótica de la de la turbación
-Ha heredado la peligrosa belleza de la inconstancia
-Se rebasa a sí mismo continuamente
-Nada trágicamente desnudo bajo las vitales aguas del peligro
-Se entreabre, o digamos que habita en esa luminosidad que se genera en las entreaberturas…


Existe algún modo de pensar desesquematizado que ofrezca un soporte para la yuxtaposición de estas y otras imágenes envolventes del desear, tenemos la posibilidad de dar con un modo de graficar libertariamente ello?

No se trata de renunciar a la “racionalidad razonable” de una intelección lúcida sobre el deseo, tales juegos y malabares con la total ilogicidad se los dejamos a los amados poetas que sí gustan de la alteración total de los signos y sus leyes de composición.

Pero sí acordemos que se requiere de un pensar liberador. Desobedecer a Porfirio y su dura sentencia (la cual se nos ha hecho llaga y a priori en nuestra intelección…). “Un umbral es cosa sagrada”. No, señor Porfirio, está usted errado. Myúsculamente Errado. No hay umbral sagrado en cuestiones del deseo, puesto que el deseo se alimenta de bordes transgredidos y ha sido –históricamente- voraz con las obsoletas sacralidades… mal que le pese a Profirio, en asuntos deseantes no hay dioses guardianes del adentro o el afuera.

Si toda reducción no es más que cómodo anhelo de no-complicación, pues habrá que complicar la reflexión sobre el deseo. Renunciar a simplificaciones (llámense a estas teorizaciones pre-dadas o catequesis de ideas hegemonizadas). Qué terrible e injusta aproximación al deseo sería circunscribirlo a lo que apenas conocemos de él hasta ahora, por más lucidez que le debamos al psicoanálisis o al Anti-Edipo! Cuán ancho y vasto son sus efectos, juegos y composiciones como para caer en la arrogancia intelectual de suponer que todo ya ha sido dicho en torno al desear! Qué necios intelectuales seríamos si dejáramos al deseo regodearse-refritarse-regurgitar en los territorios teóricos ya conocidos… si sólo sembráramos sobre las marcas de lo arado por los grandes pensadores que nos han precedido, que pequeños demostraríamos ser como pensadores, que semiestériles las semillas que allí crecerían! Oh, el placer intelectual por los fractales a veces, me temo, es un auténtico veneno para pensar radicalmente…!


Pero el trayecto más largo para hacer honor a la inmensa potencialidad de ideas que merecen agitarse en torno al deseo incluye el deber de volver a los griegos. Sí, una vez más girar la mirada hacia los nudos y bucles que se han tramado en la antiguedad con el objeto de comenzar a genealogizar adecuadamente tamaño asunto…



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