sábado, 11 de septiembre de 2010

Re-presentando la justicia

 

Re-presentando la justicia
  



"Pues mi noción de justicia es esta: los hombres no son iguales."
 
Friedrich Nietzsche



La categoría de lo humano, en tanto definición política que intentaba dar cuenta de un supuesto conjunto forzadamente homogéneo de prácticas sociales y subjetividades, arrastraba consigo la pretensión de representar a la humanidad toda bajo una falsa forma uniformante. Esa unidad designativa molar, totalitaria y totalizante se ha destroquelado por completo. 

Habitamos un mundo en el que nos rodea la diferencia: la fenomenología de la otredad se nos pasea delante de los ojos por doquier. Incluso a nivel estrictamente subjetivo, somos cada uno de nosotros mismos un auténtico haz de diferencias amparadas bajo la vetustez de esa expresión ambiciosamente unitaria llamada “identidad”. La "identidad" como concepto teórico coercitivo fue a las subjetividades lo que  el concepto de "lo humano" a las diversidades culturales.
 
Hundidos bajo los múltiples modos que asume lo diferente, confrontados con la diferencia de los otros, y con el otro internalizado como diferencia en el teatro identitario de nuestro mismísimo ser,  nos atrevimos a ir despegando las alas del rígido telgopor en que nos clasificaba la entomología sociocultural. La resistencia simbólica de "los diferentes" logró componer un no del todo articulado -pero sí altamente efectivo- mapa de  contrapoderes  micropolíticos que retaron a duelo en distintos terrenos a la violencia logocentrista.  

Dispuestos a romper las murallas trás las que asomaba la promesa de lo libertario, hemos hecho de la  variación, la variedad, lo distinto y lo diverso una bandera sin bandera, una intermitente pero sostenida batalla sin demasiadas armas convencionales, una antorcha terca para terminar de espantar cualquier resabio de maldito oscurantismo. 

Luego de la disolución de esas designaciones coercitivas falaces bajo las que incómoda y sufrientemente se nos hubo de exigir obediencia y adaptación, otras formas inéditas de ser, de estar, de habitar, de amar fueron saliendo a la luz. Lo normativo fue triste asunto a tratar por las eternas ratas  sepultureras lameculos de la moral, el orden y el status quo. Mientras tanto, la microhistoria  rescataba del letargo a los arqueologistas del tiempo pasado.  Otras fuentes, otras  miradas, nuevos sujetos históricos, nuevas cogniciones. Los genealogistas deconstruyeron cantidades de infamias seculares y se encargaron asimismo de asumir la tarea de denunciar mentiras y encubrimientos. Poco a poco se fue dando voz a lo que hasta entonces había permanecido engullido dentro de la legitimada invisibilidad de las interpretaciones impuestas por las alimañas del poder biopolítico y los detentadores de ultraterrenas pseudoverdades inmaculadas. Última estocada cuasimortal a la autoridad autoritaria de lo sacro. Acción subversiva de los saberes contra el monopolio del conocimiento, ἀμήν... (*)  


Engendrando diferencias entre nocturnas tinieblas, amanecimos intensamente telúricos, naciéndonos diferentes. 


Entonces, ha llegado otro tiempo: el tiempo de poner en interrogación a la fuerza conservativa de la Ley y a sus sagradas instituciones inerciales. 

Entonces, lenta pero irremediablemente, esas nuevas libertades subjetivas hace poco tiempo atrás paridas doliente pero gozosamente, comienzan a cuestionar a las arbitrarias distribuciones de lo justo y lo injusto. Las diferencias -esas que toman cuerpo y se vuelven encarnadura en las vidas y elecciones de los diferentes- interrogan radicalmente sobre el deber y la sanción, sobre la obligación y el derecho, sobre la norma y sus transgresiones. 


Entonces, empezamos a transitar la fértil incertidumbre de exigir nuevas formas de descifrar y entender lo que es la justicia. 


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(*)  ἀμήν: expresión griega para manifestar aquiescencia y/o fuerte deseo de que tenga efecto lo que  anteriormente se ha dicho. De ella deriva la expresión en latín tardío "amen", y también la vinculación con la palabra hebrea "āmēn" (verdaderamente).